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¿Te gusta la fotografía?



La fotografía ha transformado la visión del mundo hasta tal punto que hoy no se imaginaría la vida sin ella. No sólo permite conocer lugares o personas que jamás se llegarían a ver de otra manera, sino que ha permitido descubrir lo más pequeño y lo más grande del universo. Pero también es un modo de compartir emociones y de hacer sentir a los demás lo que sentíamos nosotros en el momento de tomarlas; es decir, nos sirven para contar nuestra manera de ver lo que nos rodea.

En contra de lo que muchos piensan, no hace falta un equipo complejo para tomar buenas fotografías. La tecnología actual permite que todos tengamos una cámara al alcance de la mano ─el teléfono móvil─ sin embargo, la mayoría de quienes comienzan a captar fotografías no quedan satisfechos con sus tomas.

Culpan de ello a la calidad de su cámara cuando en realidad falta experiencia en el manejo de la herramienta y reflexión previa.

Adiestrar al ojo


Hay que aprender a ver el mundo a través del visor y después saber traducir lo visto al lenguaje de la imagen. Porque, a pesar de los parecidos entre la cámara y el ojo existen diferencias importantes que no se deben olvidar antes de tomar una fotografía. Ambos utilizan una serie de lentes para enfocar una imagen sobre una superficie sensible a la luz, pero el ojo alcanza una perfección que ni las modernas cámaras son capaces de imaginar.

La más importante de todas: el ser humano ve en tres dimensiones y la cámara en dos. Además, mientras que nuestro cerebro es capaz de seleccionar aquello que más le interesa discriminando el resto, la cámara ve todo por igual y debe ser el fotógrafo quien, mediante el encuadre, la luz, el color y otras argucias indique al espectador dónde tiene que fijarse.

Sin olvidar que una fotografía no deja de ser un fragmento de realidad reducida a un rectángulo. Por ello, antes de disparar debemos escoger el motivo de nuestra fotografía y la manera de distribuirlo dentro de ese encuadre.

Fotografía significa, escritura de luz, o sea, una combinación entre ciencia aplicada y arte. Por eso, igual que cuando se escribe un pensamiento en un papel, el primer paso antes de «escribir» una fotografía debería ser plantearse qué se quiere transmitir con la imagen que se va a captar y después, buscar la mejor manera de contarlo.

Visión personal


Vivimos en un mundo rodeado de imágenes, casi al borde de la saturación. Por ello, nuestras imágenes han de resultar visualmente interesantes para captar la atención y ofrecer una visión personal que diferencie nuestra fotografía de todas las demás.

Con frecuencia, lo más sencillo resulta a la vez lo más efectivo e impactante. Para lograrlo conviene buscar un único punto fuerte, una única llamada de atención que no distraiga. Cuantos más elementos existan en la escena original más claro hay que tener lo que se quiere destacar. Por eso, el trabajo del fotógrafo consiste en aislar todo lo que no interesa y quedarse con lo esencial.

Las panorámicas de paisajes suponen un claro ejemplo de lo que estamos hablando. Con frecuencia, ante una vista espectacular, caemos en la tentación de fotografiar todo lo que tenemos ante los ojos, pero al llegar a casa nos sentimos defraudados porque nuestra foto no transmite las sensaciones que percibimos en el lugar.

Con la experiencia iremos adquiriendo una visión personal que distinguirá nuestro álbum fotográfico. Gracias a la actual cultura de la imagen mu­chas personas han logrado una educación visual que les ha permitido alcanzar rápidamente esa visión y consiguen plasmarla la primera vez que toman la cámara. Otras necesitarán más tiempo para conseguirlo, pero con entrenamiento y atención cualquiera puede alcanzarla.

Instantáneas o montajes


A grandes rasgos, podríamos distinguir entre las fotografías que salen a nuestro encuentro y nosotros captamos aprovechando el momento y aquellas otras que hemos imaginado y planificamos a nuestro gusto, con calma, tomando todo el tiempo necesario. Ambas imágenes tienen el mismo fin: contar una historia, nuestra historia.

Los niños suponen un claro ejemplo de esto: seguirles con la cámara regala instantáneas llenas de frescura y permite descubrir momentos únicos e irrepetibles de su vida. Para lograr estas imágenes debemos llevar la cámara siempre preparada y caminar con los ojos bien abiertos. Pero también podemos controlar cada elemento de la imagen final preparándola con antelación.

En todos los casos, la luz juega un papel fundamental pues dará carácter propio a la toma. No hay que olvidar que la luz natural se puede manejar eligiendo el lugar o la hora que mejor luz nos proporcione.

Independientemente del estilo de fotografía que prefiramos, conviene parar unos segundos a estudiar la imagen que se va a tomar. Sin duda, se puede disparar simplemente apuntando al sujeto como si se tratase de una pieza de caza pero, aunque cobrásemos la pieza, lo más probable es que el resultado no nos convenciera. La experiencia consigue que esta reflexión se realice de forma automática, casi sin que seamos conscientes de ello.

En cualquier caso, conviene experimentar cuanto más mejor para encontrar el método propio y el lenguaje más adecuado.

Comunicación

No hay que olvidar que todo el proceso fotográfico supone un proceso de comunicación. Esto significa que cuando «escribimos» con la cámara tenemos la intención de contar algo a alguien ─el destinatario puedo ser mi yo del futuro─ y eso hay que tenerlo en cuenta al disparar.

Como no hablamos igual a nuestro jefe que a nuestro hermano, tampoco tomaremos la mis­ma foto para enseñarla en familia que para montar una exposición aunque en ambos casos intentaremos obtener la mejor fotografía posible. Es decir, no por tratarse de una foto para la familia descuidaremos la calidad, pero sí emplearemos un lenguaje distinto y, en consecuencia, el tipo de fotografía obtenido será diferente.

En definitiva, no hay que olvidar que la fotografía es un lenguaje y, como tal, lo primero que tenemos que hacer es pensar qué queremos decir y después, buscar la mejor manera de contarlo.

A lo largo de las próximas entregas intentaremos encontrar «las palabras» adecuadas para transmitir lo que llevamos dentro y lo que vemos fuera.

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